
El Papa León XIV llega a España en un viaje apostólico que le lleva a Madrid, Barcelona y a las Islas Canarias. El Sumo Pontífice abordará muchos temas entre los que posiblemente esté el uso de la Inteligencia Artificial a raíz de la reciente publicación de su encíclica Magnifica Humanitas. Tema recurrente en un momento en el que nuestro país escala posiciones como hub de la IA en Europa.
La encíclica fue firmada el 15 de mayo de 2026 en el 135 aniversario de Rerum Novarum (la encíclica con la que León XIII respondió a la revolución industrial en 1891). El Papa no da puntada sin hilo y dibuja así un paralelismo entre la segunda revolución industrial (finales del siglo XIX y principios del XX) con la revolución actual de la inteligencia artificial. Ambas son revoluciones, sí, pero la gran diferencia es la velocidad. La segunda revolución industrial tuvo lugar durante unos cuarenta años mientras que la IA lo ha cambiado todo en apenas tres.
¿Cuál es el mensaje principal de Magnifica Humanitas?
La encíclica abre con una premisa obvia. Afirma que «la tecnología no es neutra, porque asume el rostro de quien la concibe, la financia, la regula y la utiliza». Si la IA no es neutra, entonces sus sesgos no son errores sino características atribuidas por sus propios creadores. Así, si el algoritmo de moderación de contenido de una plataforma favorece sistemáticamente ciertos discursos, no es un error técnico sino una elección política de sus creadores. Desde ahí, la encíclica construye una crítica al «paradigma tecnocrático» que es la idea de que el fin último debe ser siempre la eficiencia y beneficio. «No sirve una IA más moral si esa moral la deciden unos pocos», escribe León XIV.
El problema de la concentración, idea transversal
La carta encíclica insiste mucho en este concepto de la concentración del poder tecnológico. León XIV advierte repetidamente sobre el riesgo de que «los conocimientos y las tecnologías se concentren en manos de unos pocos, alimentando la brecha entre los incluidos y los excluidos de la revolución digital». No se trata de una advertencia nueva pero sí es significativo que la formule una persona tan influyente como el Santo Padre. El Papa está en lo cierto. Las empresas que controlan la infraestructura de toda la IA del planeta se pueden contar con los dedos de una mano. El pontífice articula el problema como una cuestión de social.
El Papa aboga por «desarmar la IA»
El tercer capítulo de la encíclica es el más técnico. León XIV pide explícitamente «desarmar la IA», es decir, sustraerla de «la lógica de la competencia militar, económica y cognitiva» y romper «la equivalencia entre poder técnico y derecho a gobernar». La posición del Papa va contra la corriente predominante en la industria y en al geopolítica que entiende la IA y la tecnología como elementos de poder. La encíclica es tajante: «no existe ningún algoritmo que pueda hacer que la guerra sea moralmente aceptable». Añade que la tecnología militar «no libera al conflicto de su intrínseca inhumanidad, solo puede hacerlo más rápido e impersonal, bajando el umbral del recurso a la violencia y transformando la defensa en previsión operativa, con las víctimas reducidas a datos».
Inédita terminología: colonialismo de datos
Quizás el pasaje más sorprendente de la encíclica, desde el punto de vista de un lector del sector tecnológico, es el que aborda lo que el Papa llama «las nuevas tierras raras del poder». Se refiere a la información vital sobre salud, demografía, comportamientos y demás utilizada para orientar estrategias económicas y políticas. León XIV lo llama directamente «una faceta inédita del colonialismo». Denuncia la apropiación de los datos personales de poblaciones enteras que convierte la vidas privada en información explotable y el entorno digital en «un espacio de depredación». Así, los países que no tienen infraestructura tecnológica propia son vulnerables y dependientes de plataformas extranjeras localizadas principalmente en Estados Unidos y en China.
Crítica al transhumanismo
El capítulo sobre transhumanismo y poshumanismo hace frente la narrativa de ciertos círculos de Silicon Valley en la que se afirma que el progreso equivale a la superación de los límites biológicos humanos. León XIV rechaza esa premisa de raíz: «el ser humano no florece a pesar del límite, sino a menudo a través del límite». El límite (la finitud, la fragilidad, la dependencia) no es un defecto de diseño de la especie que haya que corregir con ingeniería genética o interfaces neuronales. Es constitutivo de lo que significa ser humano y, en la visión cristiana, es precisamente ahí donde emergen la relación, el cuidado y la apertura al prójimo.
Así, cuando Elon Musk presenta Neuralink como el siguiente paso en la evolución humana o cuando Sam Altman habla de la Inteligencia Artificial Generativa como superior a la capacidad humana, están haciendo afirmaciones antropológicas sobre las que aún no se ha producido un debate en profundidad. Magnifica Humanitas pone este debate sobre la mesa.
Las propuestas de León XIV
A nivel institucional y político, apuesta por un código ético compartido sometido a criterios de justicia social, una supervisión independiente de la IA, marcos jurídicos adecuados y la educación crítica de los usuarios. A ello suma reformas profundas de la ONU y del sistema multilateral para superar la crisis de valores y recuperar la autoridad moral de las instituciones internacionales, así como restricciones éticas rigurosas y compartidas a nivel global sobre el uso militar de la IA.
A nivel personal y comunitario, las propuestas son más morales que técnicas. El Papa propone cinco «vías de responsabilidad»: desarmar las palabras diciendo la verdad, construir la paz en la justicia, asumir la mirada de las víctimas, relanzar el diálogo entre religiones y cultivar un «sano realismo» que busque vías de paz con hechos y no solo con palabras. En el plano educativo, pide una alianza educativa renovada que proteja en los jóvenes el deseo de hacer preguntas, apuesta por la escuela como lugar donde se aprende a «buscar y amar la verdad» y llama a «educarnos en el ayuno de la IA».
Por qué merece la atención del sector tecnológico
Sería un error que los círculos tech no tomaran en consideración Magnifica Humanitas al considerarla simplemente como el pronunciamiento de una institución religiosa sobre un tema que le es ajeno. La Iglesia Católica tiene una presencia institucional en educación, sanidad y servicios sociales en el mundo en desarrollo que ninguna ONG ni organismo internacional puede igualar. Su posición sobre la IA no es solo retórica. Tiene consecuencias sobre cómo millones de personas en África, Hispanoamérica y Asia van a relacionarse con estas tecnologías.
Además, el diagnóstico es correcto. La concentración del poder tecnológico, la militarización de la IA, el colonialismo de datos y la erosión de la privacidad son problemas reales. Problemas que, hasta el momento, la autorregulación del sector no ha resuelto y que la regulación pública trata de resolver pero a paso de tortuga. Hacen falta voces que se pregunten por los fines, no solo por los medios, en el debate público sobre IA. La mayor parte del discurso regulatorio trata sobre cómo desplegar la IA pero no habla de fines. En definitiva, León XIV ha articulado un sistema de valores desde el que evaluar ese «para qué,» el fin de esta nueva revolución tecnológica. ¿Para qué sirve lo que estamos construyendo? Esta es la pregunta transversal de Magnifica Humanitas.





