
La Comisión Europea dio este miércoles un gran paso en materia digital. Bruselas presentó el Paquete de Soberanía Tecnológica Europea, una batería de medidas destinadas a reforzar la autonomía digital comunitaria y reducir la dependencia tecnológica de Estados Unidos y China. Está enfocado en áreas estratégicas como la inteligencia artificial, los chips o la computación en la nube.
Cuatro ejes y más de 420.000 millones en inversión
El núcleo del paquete son dos instrumentos con peso regulatorio: el Chips Act 2.0 y el Cloud and AI Development Act. Las otras dos medidas son una estrategia de código abierto para financiar alternativas europeas y una hoja de ruta para la digitalización e IA en el sistema energético. El proyecto precisará de una inversión enorme. En semiconductores ascenderá a 120.000 millones de euros. La ampliación de la capacidad de los centros de datos requerirá alrededor de 200.000 millones. Otros 100.000 millones se destinarán a la nube, la inteligencia artificial y el despliegue de gigafábricas.
En el frente industrial, se desarrollará la versión 2.0 de la Ley de Chips para potenciar el diseño y producción de semiconductores propios para servidores de IA. En julio, Bruselas lanzará una convocatoria para la creación de estas gigafábricas de IA y una consulta pública para movilizar capital a nivel europeo. En cuanto a los centros de datos, Bruselas espera que las nuevas normas permitan triplicar la capacidad europea en este sector durante los próximos siete años. Afirma que vendrán acompañadas de una reducción de la burocracia y de la creación de un foro denominado Eurocloud para coordinar a los estados miembros.
Los datos sensibles, en suelo europeo
Una de las medidas más llamativas afecta a la contratación pública. Bruselas propone que algunos contratos digitales se reserven a empresas europeas especializadas en IA. Actualmente más del 80% de las empresas que ofrecen estos servicios en el continente tienen su sede en terceros países. En la contratación pública sensible, como los proyectos relacionados con seguridad y defensa, los datos deberán mantenerse en Europa. En este sentido, las autoridades públicas deberán realizar evaluaciones de riesgo de soberanía, restringiendo el uso de proveedores de nube estadounidenses para procesar datos sensibles del sector público en salud, finanzas y sistemas judiciales.
La Comisión niega que se trate de proteccionismo
La vicepresidenta ejecutiva de la Comisión y responsable de Soberanía Tecnológica, Henna Virkkunen, recalca que «no se trata de proteccionismo». Las medidas no han gustado en la Casa Blanca que ha advierte sobre las posibles consecuencias en el acuerdo comercial entre ambos bloques si sus empresas son discriminadas. La comisaria europea ve imprescindible que Europa lidere en este ámbito: «Vivimos en un mundo en el que la política general y la tecnología van de la mano; quienes defiendan la innovación tecnológica darán forma al futuro. Y debemos asegurarnos de que Europa desempeñe un papel de liderazgo».
Un camino largo hasta su implementación
Detrás de los aplazamientos de la propuesta hay una fractura que recorre los 27 estados miembros: si la prioridad debe ser la soberanía industrial o la simplificación regulatoria para ganar competitividad inmediata. Tal vez sean ambas. Francia impulsa una lectura de autonomía estratégica agresiva; Alemania teme que las medidas proteccionistas fragmenten el mercado único; y España adopta una postura más pragmática, fomentando capacidades europeas sin romper la interoperabilidad. A esto se suma el punto de partida: Europa está muy rezagada. El bloque europeo produce menos del 10% de los semiconductores mundiales y depende casi totalmente de chips avanzados para entrenar modelos de IA. La misión no está exenta de dificultades.





