
La órbita terrestre se está llenando más deprisa de lo que la mayoría imagina. Satélites de comunicaciones, observación, navegación y defensa comparten cada vez más espacio con etapas de cohetes y fragmentos de misiones antiguas. Alrededor de este problema empieza a surgir algo que hasta hace poco parecía difícil de imaginar: un mercado para limpiar el espacio. Ahí quiere entrar PERSEI Space, una deep tech española nacida en la Universidad Carlos III de Madrid (UC3M) que desarrolla sistemas capaces de desorbitar satélites sin consumir combustible.
La Agencia Espacial Europea contabiliza actualmente unos 47.080 objetos seguidos de forma regular por las redes de vigilancia espacial. Existen más de 1,2 millones de fragmentos de más de un centímetro y más de 50.000 de más de diez centímetros alrededor de la Tierra. El riesgo que genera toda esa basura espacial es económico. Cada satélite nuevo comparte un recurso limitado con miles de objetos que ya están allí, y una sola colisión puede destruir un activo valorado en millones de euros y generar miles de fragmentos adicionales.
Una amarra conductora en lugar de un motor para limpiar el espacio
La tecnología de PERSEI Space se basa en una amarra electrodinámica: una cinta conductora que se despliega desde el satélite y aprovecha la interacción entre la corriente eléctrica, la ionosfera y el campo magnético terrestre para generar una fuerza capaz de modificar su órbita. En lugar de encender un motor y gastar combustible, es el propio entorno espacial el que hace el trabajo. El desarrollo de esta tecnología recibió un respaldo decisivo a través del proyecto E.T.PACK-F, financiado con 2,5 millones de euros por el European Innovation Council, que llevó la tecnología hasta un nivel de madurez TRL 8, el escalón previo a una demostración en condiciones reales.
Una demostración en órbita prevista para 2027
El dispositivo de vuelo E.T.PACK-F se completó en diciembre de 2025, y su demostración en órbita está prevista para 2027. Consistirá en un pequeño satélite de unas 12 unidades CubeSat y menos de 20 kilos, equipado con una amarra de unos 420 metros, diseñado para demostrar que puede generar la fuerza necesaria para reducir progresivamente la altura de un satélite sin consumir propulsante. Es la diferencia entre tener una tecnología prometedora y tener una tecnología que ha demostrado funcionar en el espacio, un salto decisivo para convertirla en negocio.

De la demostración científica al producto comercial
PERSEI Space ya trabaja en PEARSON, su primer producto comercial de desorbitado autónomo, pensado tanto para integrarse en nuevos satélites como para retirar objetos ya existentes en órbita. También desarrolla el Green Mobility Module (GMM), un sistema más pequeño orientado a satélites de entre 70 y 210 kilos.
Financiación europea para dar el salto al mercado
El respaldo público europeo está siendo clave en esta transición. En 2026, PERSEI Space recibió una ayuda NEOTEC de 335.000 euros del CDTI para seguir desarrollando su dispositivo hacia un producto comercial. Además, lidera el proyecto ECO-Tethers, financiado por la ESA con 300.000 euros junto a Thales Alenia Space y Astroscale. Este proyecto va más allá de demostrar que la tecnología funciona: la ESA estudia ya cómo podría integrarse en futuras misiones, analizando cinco aplicaciones posibles: desorbitado de satélites, retirada de etapas superiores de lanzadores, propulsión sin combustible para mantener o cambiar órbitas, movilidad de vehículos de servicio espacial y retirada activa de basura.
España busca su hueco en la economía espacial
España intenta pasar de participar en proyectos espaciales europeos a crear compañías capaces de vender tecnología propia. La startup, vinculada al ecosistema de la UC3M, completó en agosto de 2026 su programa de incubación en el ESA BIC Madrid tras dos años, y en junio abrió un nuevo laboratorio en Leganés. En marzo fue reconocida como la startup con mayor potencial e impacto de la Comunidad de Madrid en los Premios EmprendeXXI, entre 199 candidaturas, con una dotación de 6.000 euros y acceso a programas de aceleración e inversión. El verdadero examen llegará después, cuando la compañía tenga que convertir esa demostración técnica en contratos reales con operadores dispuestos a pagar por limpiar sus satélites.





