Soberanía tecnológica europea: crear gigantes cloud propios para reducir la dependencia de Estados Unidos

Europa quiere ganar soberanía tecnológica en uno de los terrenos que se han convertido en estratégicos para la economía digital: la computación en la nube. La Unión Europea reconoce que su dependencia de los grandes proveedores estadounidenses es muy elevada y está impulsando nuevas inversiones en cloud, centros de datos, supercomputación e inteligencia artificial para reducir esa vulnerabilidad.

El problema es evidente. Amazon Web Services (AWS), Microsoft Azure y Google Cloud concentran alrededor del 70% del mercado europeo de servicios cloud, mientras que los grandes proveedores europeos tienen una presencia mucho menor. La propia Comisión Europea señala que la cuota conjunta de los proveedores europeos en el mercado cloud descendió del 29% en 2017 al 15% en 2022.

La situación adquiere una dimensión estratégica con el desarrollo de la inteligencia artificial. Los modelos más avanzados necesitan enormes cantidades de capacidad de cálculo, almacenamiento y redes. Por ello. la nube y los centros de datos se han convertido en una infraestructura esencial para desarrollar IA. La respuesta europea pasa por construir un ecosistema tecnológico capaz de cubrir buena parte de la cadena: desde los chips y la supercomputación hasta el cloud, los centros de datos y la IA.

En junio, la Comisión presentó el Cloud and AI Development Act (CADA). Es una iniciativa destinada a reforzar el ecosistema europeo de cloud e inteligencia artificial y aumentar la capacidad de centros de datos energéticamente eficientes. El objetivo es facilitar que empresas e investigadores europeos tengan acceso a la capacidad computacional necesaria para desarrollar y desplegar nuevas tecnologías.

A esta estrategia se suma el plan para crear hasta siete gigafactorías de IA en Europa. Bruselas calcula que la iniciativa movilizará más de 30.000 millones de euros, combinando hasta 10.000 millones de financiación pública europea y nacional con al menos 20.000 millones de inversión privada. Las gigafactorías estarán diseñadas para integrar más de 100.000 procesadores avanzados de IA, junto con software, cloud, conectividad y centros de datos energéticamente eficientes. La intención es proporcionar infraestructura suficiente para entrenar y desarrollar modelos avanzados de IA dentro de Europa.

La nube, cuestión de soberanía

La preocupación de Bruselas no se limita a quién almacena los datos. La Comisión considera que el cloud se ha convertido en una infraestructura crítica para la economía europea y que la dependencia de proveedores extranjeros puede generar riesgos tecnológicos, económicos y jurídicos. En junio, la Comisión comunicó además su posición preliminar para considerar AWS y Microsoft Azure como gatekeepers bajo el Reglamento de Mercados Digitales (DMA) debido a su posición en el mercado europeo. Bruselas destaca que ambos servicios son importantes puertas de acceso entre las empresas y sus clientes y que presentan fuertes efectos de dependencia y costes de cambio.

La UE está desarrollando también un marco de soberanía cloud que permite evaluar a los proveedores en aspectos como soberanía de los datos, autonomía tecnológica, seguridad, cadena de suministro, jurisdicción y sostenibilidad. La estrategia no significa necesariamente expulsar a las compañías estadounidenses. De hecho, AWS ya opera una European Sovereign Cloud independiente dentro de la UE, diseñada para clientes que necesitan mayores garantías sobre datos y operaciones. El objetivo europeo es disponer de alternativas propias y capacidad de decisión.

España busca un papel en la nueva infraestructura europea

España puede convertirse en uno de los escenarios de esta carrera. El país ha atraído importantes proyectos de centros de datos y está compitiendo para albergar una de las futuras gigafactorías europeas de IA. La candidatura española contempla una instalación principal en Móra la Nova (Tarragona) y una subsede en San Fernando de Henares (Madrid), respaldadas por una alianza público-privada formada por la SETT, ACS, Telefónica y Banco Santander. El proyecto prevé una inversión de unos 5.000 millones de euros, con 719 millones de aportación pública española. La decisión europea está prevista para principios de 2027.

El reto: pasar de las capacidades dispersas a un ecosistema competitivo

Europa cuenta con piezas importantes (ASML y su posición estratégica en semiconductores hasta su red de supercomputación, centros tecnológicos y empresas de cloud) pero carece de compañías con la escala de los grandes hyperscalers estadounidenses. Por eso, la batalla por la soberanía tecnológica europea no se decidirá únicamente construyendo centros de datos. El desafío será conectar infraestructura, chips, energía, cloud, datos, software, investigación y empresas de IA en un ecosistema capaz de competir globalmente. La cuestión que se juega Europa es, en definitiva, quién controlará la infraestructura sobre la que funcionará la próxima generación de inteligencia artificial. España quiere estar dentro de esa carrera.

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