
España se está consolidando como un destino relevante para la inversión internacional en innovación y tecnología. El Informe Innovación España 2026, elaborado por la Fundación I+E para el CDTI y presentado junto a ICEX-Invest in Spain, destaca el creciente atractivo del país para la instalación de centros de I+D y proyectos tecnológicos de multinacionales. Uno de los principales indicadores es la inversión extranjera. El stock acumulado de inversión exterior supera los 600.000 millones de euros, equivalente a más del 40% del PIB español, y está asociado a más de dos millones de empleos. Además, España encadena cuatro años consecutivos con más de 30.000 millones de euros de inversión extranjera directa anual. En 2025 recibió 30.764 millones de euros de inversión productiva.
La innovación constituye otro de los puntos fuertes identificados por el informe. España destinó 23.931 millones de euros a investigación y desarrollo en 2024, el equivalente al 1,5% del PIB. La inversión creció un 6,9% respecto al año anterior y, según el estudio, durante los últimos años ha aumentado a un ritmo superior al de otras grandes economías europeas. El objetivo nacional es alcanzar una inversión del 3% del PIB en 2030.
El ecosistema empresarial también ha ampliado su capacidad innovadora. Más de 12.200 empresas realizan actividades de I+D en España y el 27% de las compañías son innovadoras en productos o procesos de negocio. A ello se suma un ecosistema de más de 5.000 startups activas, incluidas más de 800 startups industriales, que contribuyen a ampliar la base tecnológica y empresarial del país. España destaca además por su posición dentro del programa europeo de investigación e innovación. El país es el tercer Estado con mayor retorno en Horizonte Europa y dispone de una importante base de talento científico y tecnológico: más de 295.000 personas trabajan a tiempo completo en actividades de I+D.
Infraestructuras y sectores estratégicos
El informe identifica las infraestructuras como otra de las ventajas competitivas españolas. La amplia cobertura de fibra óptica, el despliegue de redes 5G, los parques científicos, los centros tecnológicos, las infraestructuras de supercomputación y los centros de datos configuran un entorno favorable para proyectos tecnológicos de elevada intensidad. A estas capacidades se suma una posición especialmente relevante en determinados sectores con potencial de crecimiento. Entre ellos figuran las energías renovables y el hidrógeno verde, la biotecnología, la industria farmacéutica, las telecomunicaciones, el sector aeroespacial, la ciberseguridad y otros ámbitos tecnológicos emergentes.
La disponibilidad de talento es otro de los factores que juega a favor de España. El país cuenta con una amplia base de profesionales cualificados y con capacidades científicas consolidadas, aunque el propio informe señala que sigue existiendo un desajuste entre la oferta y la demanda de determinados perfiles especializados.
Las multinacionales, como motor de transferencia de conocimiento
La Fundación I+E pone el foco también en el efecto que tienen las multinacionales que desarrollan proyectos tecnológicos en España. Su impacto puede extenderse al tejido empresarial de los territorios donde se implantan mediante la creación de empleo cualificado, la generación de nuevas capacidades y la transferencia de conocimiento.
Esta evolución refleja un cambio en el posicionamiento internacional de España. El país ya no se presenta únicamente como un mercado en el que vender productos o servicios, sino como un territorio desde el que las multinacionales pueden desarrollar tecnología e innovación con alcance internacional. Empresas de sectores como las telecomunicaciones, la industria farmacéutica, la inteligencia artificial o la ciberseguridad ya cuentan con centros de I+D en España.
Estabilidad, regulación e incentivos: los retos pendientes
El diagnóstico del informe, sin embargo, no es exclusivamente positivo. Para consolidar la capacidad de España de atraer proyectos tecnológicos de largo plazo será necesario mejorar algunas condiciones del entorno empresarial. Entre las áreas que requieren atención aparecen la estabilidad institucional y regulatoria, la seguridad jurídica, la simplificación administrativa y el mantenimiento de incentivos adecuados para la inversión en innovación.
También resulta necesario seguir incrementando la inversión pública y privada en I+D. Aunque los 23.931 millones de euros de 2024 representan un avance importante, el 1,5% del PIB todavía se encuentra por debajo de la media europea y queda un recorrido considerable hasta alcanzar el objetivo del 3% en 2030.
El mensaje de fondo del Informe Innovación España 2026 es, por tanto, doble. España dispone de una base cada vez más sólida para atraer inversión tecnológica, pero debe aprovechar ese momento para corregir sus debilidades estructurales. Talento, infraestructuras, capacidad científica, startups, incentivos y sectores estratégicos ofrecen una posición de partida favorable; mantenerla dependerá de que el marco regulatorio y las condiciones para invertir evolucionen al mismo ritmo que las oportunidades tecnológicas.





