
España se mantiene en el puesto 39 del ranking mundial de competitividad elaborado por la escuela suiza de negocios IMD. La clasificación, que este año valora 70 economías, no registra avance para España respecto al año anterior. El análisis que lo acompaña dibuja un país de dos velocidades: fortalezas reales en algunos frentes y debilidades estructurales que lastran el conjunto. Singapur lidera el ranking por segundo año consecutivo, seguido de Hong Kong, Suiza, Taiwán, Emiratos Árabes Unidos e Irlanda.
Lo que funciona: turismo, infraestructura y ciencia
El mejor resultado de España es el desempeño económico (puesto 22) que ha experimentado una mejora notable en los últimos cinco años. Hace un lustro e situaba en el puesto 35. Los factores que más contribuyen a ese resultado son la posición española entre los diez primeros del mundo en inversión hacia el exterior y en exportación de servicios con el turismo como motor fiable y consistente. España también destaca en infraestructuras (puesto 26). Sus pilares son la esperanza de vida, el sistema de salud, la producción científica y la conectividad digital. En estos indicadores, España compite con las economías más avanzadas del planeta.
Lo que no funciona: el mercado laboral, la burocracia y la brecha tecnológica
El mercado laboral español ocupa el puesto 66 en desempleo general y el 63 en desempleo juvenil. El propio informe lo señala sin rodeos: ambos se encuentran entre los peores de cualquier economía avanzada, dejando sin aprovechar una gran parte del talento del país.
La eficiencia gubernamental es el peor indicador de España en el ranking. Dentro de ese bloque, la creación de empresas ocupa el puesto 68, la regulación laboral el 65 y la deuda pública ronda el 100% del PIB. Un entorno regulatorio y fiscal que el IMD califica de costoso y rígido.
España se queda atrás en los factores que determinarán la competitividad de las próximas décadas: la adopción de la inteligencia artificial en las empresas, las exportaciones de alta tecnología, la calidad de la educación y la productividad. Una brecha que, según el informe, se está ampliando.

El mensaje global: las instituciones como ventaja competitiva
La edición 2026 del ranking lanza un mensaje que resuena en el actual contexto geopolítico. La solidez de las instituciones se consolida como uno de los factores que más aporta a la ventaja competitiva de los países. La credibilidad institucional y la capacidad de adaptación son, según el IMD, los activos más valiosos en un entorno de incertidumbre creciente. Para España, ese mensaje tiene una doble lectura. Sus fortalezas económicas y de infraestructura son reales y reconocidas pero mientras el mercado laboral siga siendo uno de los peores de las economías avanzadas y la burocracia siga ocupando los últimos puestos de la tabla, la posición en el ránking podría ser aún peor.





