
Bruselas anunció con entusiasmo el lanzamiento de Euro-Office, la primera suite ofimática europea de código abierto. Un intento más de la Comisión Europea de avanzar en la independencia tecnológica del continente respecto a los gigantes estadounidenses Microsoft y Google. La iniciativa encaja en el Paquete de Soberanía Tecnológica que la Comisión Europea presentó a comienzos de mes.
El problema es que entre el anuncio institucional y la realidad del producto hay una brecha considerable. Euro-Office no es una aplicación que se pueda instalar en el ordenador, ni un servicio web al que acceder desde una cuenta gratuita. Es una herramienta que funciona a través del navegador, integrada en plataformas existentes, y que para usarla hay que integrarla dentro de Nextcloud siguiendo un proceso que requiere conocimientos técnicos. Está disponible en GitHub, la plataforma que usan los desarrolladores de software para distribuir y colaborar en proyectos. No exactamente el canal para llegar a millones de ciudadanos europeos que buscan una alternativa sencilla a Excel o PowerPoint.
Qué es y qué puede hacer
Euro-Office permite crear y editar documentos de texto, hojas de cálculo, presentaciones y archivos de forma colaborativa a través del navegador. Es compatible con los formatos estándar de Word, Excel, PowerPoint y Acrobat, así como con formatos de código abierto como ODF. Su desarrollo ha sido posible gracias a una coalición de cinco empresas europeas: IONOS, Nextcloud, Proton, OpenProject y XWiki. Sobre esa base, Euro-Office aspira a convertirse en la infraestructura ofimática soberana del continente. La ambición es legítima. La ejecución, aún mejorable.
La polémica del código y los estándares
El lanzamiento no ha tardado en generar controversia. Italo Vignoli, cofundador de The Document Foundation y cara visible de LibreOffice, publicó una carta abierta cuestionando dos aspectos del proyecto.
- El primero, la primicia histórica. Euro-Office se ha presentado como la primera suite ofimática de código abierto desarrollada en Europa obviando que OpenOffice llegó en 2001 y LibreOffice en 2010.
- El segundo, y más sustancial, tiene que ver con las decisiones técnicas adoptadas. Euro-Office utiliza como formato por defecto OOXML, el estándar propietario de Microsoft, en lugar de ODF, el formato abierto reconocido internacionalmente que usa LibreOffice. Para Vignoli, esa decisión convierte a Euro-Office en un clon gratuito de Microsoft Office que, lejos de reducir la dependencia del continente respecto al gigante estadounidense, la refuerza.
Hay además otro detalle incómodo. Euro-Office utiliza el código de OnlyOffice, un entorno ofimático con parte de su origen en Rusia, en lugar de aprovechar las soluciones ya desarrolladas en Europa como Collabora Online, la versión web de LibreOffice. Desde el proyecto responden que la compatibilidad con los formatos de Microsoft es una estrategia de adopción para que millones de usuarios europeos que trabajan a diario con archivos .docx, .xlsx o .pdf puedan migrar a una alternativa soberana. Exigirles que cambien de formato al mismo tiempo que cambian de herramienta es añadir una barrera que muchos no van a superar.
Un lanzamiento prematuro con futuro incierto
La comunidad técnica se pregunta si tenía sentido presentar Euro-Office en este estado. Después de unos meses en fase de pruebas, la herramienta solo está al alcance de perfiles técnicos y organizaciones con capacidad de integrarla en su infraestructura. Quien busque una alternativa directa y sencilla a Google Docs o Microsoft 365 no la encontrará aquí, al menos por ahora. Para que Euro-Office llegue a un uso masivo necesita simplificar el acceso, resolver las críticas sobre sus estándares y construir una propuesta que sea genuinamente europea de principio a fin.
La soberanía digital europea: más retórica que realidad
El lanzamiento de Euro-Office es, en definitiva, un microcosmos de los retos que enfrenta el proyecto de independencia tecnológica europea. Google, Microsoft y Amazon no van a quedarse de brazos cruzados: tienen la infraestructura, los recursos y la capacidad para adaptarse a cualquier regulación europea y mantener su posición dominante. La dependencia tecnológica del continente no se resuelve con un anuncio y un repositorio en GitHub. El camino hacia la soberanía digital europea va a ser mucho más largo, más complejo y más contradictorio de lo que los comunicados institucionales sugieren.





