Casas de hormigón impresas en 3D: un posible acelerador de la construcción en plena crisis de la vivienda en España

La crisis de la vivienda en España será el gran tema de la campaña electoral del 29 de noviembre. España necesita construir mucho más y más rápido para hacer frente a la creciente demanda habitacional. El Banco de España calcula que desde 2021 se ha acumulado un déficit de unas 750.000 viviendas. La estimación de déficit superior al millón de vivienda en 2029.

En 2025 se formaron cerca de 240.000 hogares nuevos muchos más que la cifra de viviendas que se entregaron: 92.000. BBVA Research espera entre 130.000 y 140.000 terminadas al año en 2026 y 2027, lo cual deja un descubierto de unas 100.000 familias al año.

La construcción no alcanza a cubrir la demanda que crece sin medida con un saldo migratorio neto de 650.000 personas al año. La crisis se concentra, sobre todo, en las grandes urbes donde la demanda supera con creces a la oferta. Es simplemente imposible igualar el ritmo pero, al menos, sí se puede paliar en el corto plazo.

La promesa: la obra gris de 120 m² en 48 horas

En ese contexto llama la atención una propuesta que promete levantar la estructura de una casa en dos días: la impresión 3D de hormigón. Mateo Salvatto, emprendedor argentino de 27 años y cofundador de Grondplek, asegura que una vivienda de 120 metros cuadrados puede tener lista su obra gris en 48 horas. La clave está en entender qué parte del proceso cambia.

La máquina no entrega una casa terminada. Imprime la estructura de hormigón: muros, paredes, escaleras, canteros e incluso encimeras. Después llegan las instalaciones, la carpintería, la pintura, la cocina y los baños. Salvatto resume la promesa con otra idea: una casa terminada en una semana y con una rebaja de hasta el 30% sobre el coste de mercado. Es una estimación de la empresa. Depende del terreno, del proyecto, de la escala y de las terminaciones.

Cómo funciona la impresora

El equipo mide unos 11 por 11 metros y 7 de altura. Trabaja con una mezcla de cemento y aditivos. Una planta mezcladora compacta y una bomba envían el material por una manguera especial hasta el cabezal de impresión. El hormigón se deposita capa a capa, con pausas entre capas para que fragüe y la estructura se mantenga estable.

El método es casi lo contrario de una obra tradicional. No hay encofrados que montar, rellenar y retirar. La máquina coloca solo el material que el diseño necesita. Según Salvatto, esto reduce el desperdicio y acelera una fase crítica de la obra. La empresa sostiene además que puede construir doble pared con cámara de aire, pensada para mejorar el aislamiento térmico y acústico, y que las estructuras resultantes son antisísmicas. Ambas afirmaciones son de la compañía.

La empresa insiste en que esta tecnología no busca reemplazar a los trabajadores sino cambiar su papel. La máquina aligera el esfuerzo físico, duro y repetitivo pero necesita planificación, control humano, técnicos que ajusten la mezcla y operarios que completen todo lo que queda fuera del hormigón impreso. De momento, la casa no se imprime sola.

España ya tiene experiencia propia en una tecnología similar

Esta tecnología no es nueva en España. La startup valenciana Be More 3D, nacida en la Universitat Politècnica de València, imprimió hace años la primera casa in situ del país. Su impresora promete viviendas de 60 metros cuadrados en unas 12 horas y un ahorro de hasta el 35%, según la empresa. También hay otros actores, como la catalana Wasi 3D. Aun así, la impresión 3D sigue siendo marginal en el mercado español. Que lleve años probándose sin extenderse indica que los obstáculos no son solo técnicos.

Obstáculos regulatorios y logísticos

El primer freno es regulatorio. Los códigos de edificación europeos desconfían de lo que no sea hormigón armado convencional. Por eso algunas startups empiezan en regiones con marcos más ágiles. El segundo es logístico y económico. Mover y montar una máquina de este tamaño exige logística y preparación del terreno. Algunos medios cifran ese coste en torno a 15.000 euros por proyecto. El ahorro solo aparece cuando la impresora se usa de forma continuada, en varias viviendas seguidas. Podría ser una solución viable en promociones nuevas en zonas deshabitadas.

Una herramienta útil en ciertas condiciones

La impresión 3D de hormigón puede ayudar en un caso concreto: promociones de vivienda asequible en suelo ya disponible, con muchas unidades parecidas y plazos ajustados. Ahí, ahorrar semanas de estructura y reducir residuos tendría un efecto real. Las administraciones podrían probarla en proyectos piloto de vivienda pública, donde tantos concursos quedan desiertos.

Pero el déficit no se cierra solo con velocidad. El Banco de España señala también la falta de suelo finalista, la incertidumbre regulatoria y la poca inversión. La impresión 3D acelera la estructura. No crea suelo ni acorta los trámites de licencias. Cuántas casas se construyen, y dónde, seguirá dependiendo de la política de vivienda que asume un papel esencial conforme se acerca el 29-N.

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