
El Banco Mundial dibuja en su Atlas of Global Development 2026 una transformación digital marcada por una paradoja. La conectividad nunca antes había avanzado tanto ni se había extendido tan rápidamente la inteligencia artificial, pero los beneficios de esta revolución siguen distribuyéndose de forma muy desigual. Los dos capítulos dedicados a Internet y a IA muestran que la brecha digital ya no se explica únicamente por la existencia de redes, sino también por el coste de conectarse, las competencias digitales, la disponibilidad de datos y la capacidad de computación.
El diagnóstico resulta especialmente relevante para los países de ingresos bajos y medios. El Banco Mundial advierte de que quienes parten de una peor posición en acceso a Internet, formación o infraestructuras tecnológicas tienen también más dificultades para aprovechar la nueva oleada de inteligencia artificial. La consecuencia es que la brecha digital puede transformarse progresivamente en una brecha de productividad, empleo e innovación, precisamente cuando la IA comienza a integrarse en cada vez más actividades económicas.
2.200 millones de personas siguen sin Internet
La expansión de Internet ha sido extraordinaria durante las últimas décadas, pero todavía está lejos de ser universal. Según el Banco Mundial, 2.200 millones de personas seguían sin conexión en 2025, más de una cuarta parte de la población mundial. El acceso se concentra además en las economías de mayores ingresos, mientras que en los países más pobres persisten grandes diferencias relacionadas con la infraestructura, los precios y las capacidades de los usuarios.
La brecha es especialmente pronunciada en las zonas rurales. En los países más pobres, solo el 14% de la población rural utiliza Internet, mientras que en las economías de ingresos medios-bajos aproximadamente la mitad de la población rural continúa sin conexión. El problema no es únicamente la ausencia de cobertura. Incluso cuando las redes llegan a un territorio, el precio de los dispositivos y de los datos puede impedir que las personas se conecten de forma habitual.
Tener cobertura no significa estar conectado
Uno de los principales mensajes del informe es que la cobertura de las redes no equivale necesariamente a un uso efectivo de Internet. El Banco Mundial pone como ejemplo Bangladesh. En 2024 las redes móviles 4G cubrían al 100% de la población, pero solo el 53% utilizaba Internet. Es decir, aproximadamente tres de cada nueve personas cubiertas por una red permanecían desconectadas.
La velocidad también importa. Una conexión básica puede permitir navegar o enviar mensajes, pero servicios como la educación a distancia, la telemedicina o muchas aplicaciones de inteligencia artificial requieren conexiones rápidas y estables. Mientras países como Singapur, Chile o Emiratos Árabes Unidos superan los 300 Mbps de velocidad media de descarga en determinadas conexiones, en algunas economías de bajos ingresos las velocidades medianas se sitúan por debajo de los 20 Mbps.
El informe destaca además que las redes móviles y las fijas deben entenderse como infraestructuras complementarias. La banda ancha fija ofrece mayor capacidad y estabilidad, pero desplegar fibra resulta caro en zonas rurales y poco pobladas. Las redes móviles son más fáciles de extender y desempeñan un papel esencial en los países con menores ingresos, aunque también requieren inversiones importantes en antenas, fibra de conexión, electricidad y mantenimiento.
La IA multiplica la brecha digital
Sobre esta infraestructura desigual se está construyendo la revolución de la inteligencia artificial. El Banco Mundial constata que la adopción de IA está creciendo rápidamente, pero que su utilización presenta enormes diferencias entre países. En mayo de 2025, las visitas a ChatGPT por usuario de Internet eran casi 50 veces superiores en los países de altos ingresos que en los de bajos ingresos, ocho veces superiores a las de los países de ingresos medios-bajos y tres veces a las de los países de ingresos medios-altos.
Los datos procedentes de otras plataformas apuntan en la misma dirección. En la mayor parte de los países del África subsahariana, menos del 10% de la población en edad de trabajar utiliza herramientas de IA. Para que un país pueda beneficiarse de la IA hacen falta, según el Banco Mundial, cuatro elementos fundamentales: conectividad fiable y asequible, datos locales que permitan adaptar las herramientas a cada contexto, población con competencias digitales y capacidad suficiente de computación. La ausencia de cualquiera de estos pilares limita la posibilidad de pasar de ser un simple consumidor de tecnología a desarrollar soluciones propias.
Computación, talento y datos: las nuevas fronteras
La concentración de la infraestructura de computación es especialmente llamativa. En junio de 2025, los países de altos ingresos concentraban el 77% de la capacidad mundial de centros de datos, frente al 23% de los países de ingresos medios y menos del 0,1% de los países de bajos ingresos. En términos per cápita, Estados Unidos disponía de unas 20.000 veces más servidores que los países de bajos ingresos y 200 veces más que los países de ingresos medios.
A esto se suma una importante diferencia de competencias. En 2023, menos del 5% de la población de los países de bajos ingresos disponía de competencias digitales básicas para actividades como utilizar el correo electrónico, realizar búsquedas en Internet o hacer transacciones online. Las capacidades avanzadas relacionadas con análisis de datos, programación y computación son todavía más escasas.
El idioma constituye otra barrera menos visible. El ecosistema digital mundial está fuertemente dominado por el inglés, que representa cerca de la mitad de las URL globales y concentra una parte desproporcionada de los datos textuales de calidad utilizados para entrenar modelos de IA. Esto significa que los sistemas pueden ofrecer resultados menos precisos y útiles en numerosas lenguas habladas principalmente en países de ingresos bajos y medios.
La IA también transformará el empleo, pero de forma desigual
El impacto sobre el mercado laboral tampoco será homogéneo. El Banco Mundial señala que la exposición a la IA es mucho mayor en determinados perfiles profesionales y que las personas con estudios superiores presentan una exposición más elevada. Esto se debe a la concentración de tareas cognitivas en sus empleos. Al mismo tiempo, las diferencias entre países están condicionadas por el propio acceso a ordenadores e Internet: muchos trabajadores de economías pobres ni siquiera disponen de las herramientas necesarias para que sus tareas puedan verse afectadas directamente por la IA.
La utilización de estas tecnologías también está mucho más concentrada en los países de ingresos medios. En ellos, los trabajadores de tecnologías de la información y los docentes representan casi tres cuartas partes del uso de IA observado, mientras que en los países de altos ingresos su utilización está mucho más extendida entre diferentes profesiones. Esto anticipa una posible segunda fase de la brecha digital: no solo quién tiene Internet, sino quién puede utilizar la IA en su trabajo y obtener productividad de ella.
El Banco Mundial no plantea, sin embargo, que los países en desarrollo necesiten competir directamente con Estados Unidos o China construyendo los modelos de IA más grandes del mundo. Su propuesta pasa por aprovechar herramientas existentes y adaptarlas a las necesidades locales, al tiempo que se construyen las infraestructuras y capacidades necesarias. En este sentido, las soluciones de “Small AI”, capaces de funcionar con pocos recursos y en dispositivos cotidianos, pueden ser especialmente relevantes para agricultura, sanidad, educación y servicios públicos.
Internet e IA forman parte del mismo problema
Las dos historias que recoge el Banco Mundial están, en realidad, estrechamente relacionadas. La brecha de Internet constituye uno de los principales obstáculos para la adopción de inteligencia artificial, pero la IA puede a su vez convertirse en una herramienta para mejorar servicios y oportunidades en los países que consigan superar esas barreras. El riesgo es que quienes parten con menos conectividad, menos talento y menor capacidad tecnológica sean precisamente quienes menos puedan beneficiarse de la nueva revolución.
La conclusión del Banco Mundial es, por tanto, que la transformación digital no se resolverá únicamente construyendo más redes o facilitando el acceso a modelos de IA. La conectividad debe ser asequible y de calidad, pero también deben desarrollarse las competencias digitales, los datos, la infraestructura de computación y las instituciones capaces de aprovechar estas tecnologías.
El desafío para la próxima década será evitar que la revolución de la inteligencia artificial reproduzca los patrones de desigualdad de anteriores transformaciones tecnológicas. Internet todavía deja fuera a 2.200 millones de personas y la utilización de IA presenta diferencias de hasta decenas de veces entre economías. Para el Banco Mundial, cerrar ambas brechas no es solo una cuestión tecnológica: es una condición para que la próxima fase de crecimiento y productividad sea realmente global.





