
Un equipo de investigadores del Centro de Investigación de Enfermedades Neurológicas (CIEN) y la Fundación Reina Sofía ha demostrado que un análisis de sangre puede estimar el riesgo de desarrollar deterioro cognitivo hasta una década antes de la aparición de los primeros síntomas del alzhéimer. El hallazgo stima el riesgo de progresión clínica y, sobre todo, descarta con gran fiabilidad a quienes tienen un riesgo muy bajo de sufrirlo. Los resultados, publicados en la revista Alzheimer’s & Dementia, representan un importante avance en la detección precoz de las enfermedades neurodegenerativas y abren nuevas posibilidades para la medicina preventiva.
El estudio es fruto de un proyecto iniciado hace doce años cuando los investigadores comenzaron el seguimiento de 982 personas cognitivamente sanas de la Comunidad de Madrid en el bautizado como Proyecto Vallecas. El objetivo era identificar marcadores biológicos capaces de anticipar qué individuos tenían mayor probabilidad de desarrollar deterioro cognitivo leve o demencia antes de que aparecieran manifestaciones clínicas. Los científicos han comprobado que un biomarcador presente en la sangre puede ofrecer información muy precisa sobre la evolución clínica de estas personas muchos años antes de que aparezcan los primeros síntomas.
La clave del estudio reside en un biomarcador sanguíneo denominado %p-tau217 cuya medición permite clasificar a las personas según su riesgo de desarrollar deterioro cognitivo mediante una prueba mínimamente invasiva. A diferencia de otras técnicas utilizadas para detectar la enfermedad, como la punción lumbar o determinadas pruebas de imagen, el análisis de sangre resulta mucho más sencillo, accesible y económico, lo que facilitaría su incorporación a la práctica clínica si futuras investigaciones confirman estos resultados.
Un resultado negativo permite descartar la enfermedad con más del 90% de fiabilidad
Según explica Jesús Silva Rodríguez, responsable de la Plataforma de Neuroimagen del CIEN y coordinador del estudio, el principal valor del biomarcador no consiste en confirmar quién desarrollará alzhéimer, sino en identificar con una elevada fiabilidad a quienes tienen un riesgo muy bajo de padecerla. Los resultados muestran que un análisis negativo permite descartar la aparición de síntomas clínicos durante los diez años siguientes con una fiabilidad superior al 90%. Esta capacidad de exclusión podría transformar la gestión clínica de las enfermedades neurodegenerativas, evitando pruebas invasivas y costosas en pacientes con un riesgo mínimo. Algo que, a su vez, permite concentrar los recursos sanitarios en quienes realmente necesitan un seguimiento más estrecho.
Eso sí, los investigadores subrayan que un resultado positivo no debe interpretarse como un diagnóstico definitivo. Entre los participantes clasificados como de mayor riesgo, la probabilidad de desarrollar deterioro cognitivo leve o demencia fue del 55% a los cinco años y del 72% a los diez años. Aunque estas cifras multiplican entre cuatro y siete veces el riesgo medio de la población estudiada, también muestran que una parte importante de las personas con niveles elevados del biomarcador nunca llegó a desarrollar síntomas durante el periodo analizado. Durante el seguimiento, el 16,2% de los participantes evolucionó hacia un deterioro cognitivo leve o una demencia, mientras que el 6,7% desarrolló específicamente demencia, unos porcentajes acordes con la incidencia esperada para ese grupo de edad.
Un cambio de paradigma en la investigación del alzhéimer
Hasta ahora, los biomarcadores sanguíneos permitían detectar con gran precisión la acumulación de proteínas relacionadas con el alzhéimer, como la beta amiloide o la proteína tau. Sin embargo, existían muchas dudas sobre cómo interpretar esos resultados en personas que aún no presentaban síntomas. El nuevo trabajo aporta una dimensión adicional al demostrar que estos biomarcadores también pueden utilizarse para estimar el riesgo real de evolución clínica a largo plazo, proporcionando una herramienta mucho más útil para la medicina preventiva. Según Pascual Sánchez-Juan, director científico del CIEN y autor sénior del estudio, este avance supone un cambio importante porque los biomarcadores dejan de limitarse a identificar la biología de la enfermedad y pasan a ofrecer información sobre la probabilidad de desarrollar síntomas en el futuro.
Aplicaciones para la prevención y los ensayos clínicos
Los autores consideran que este avance tendrá un impacto directo tanto en la investigación como en la práctica clínica. Por una parte, permitirá seleccionar con mayor precisión a los candidatos ideales para participar en ensayos clínicos dirigidos a prevenir el alzhéimer antes de la aparición de síntomas. Por otra, facilitará un seguimiento personalizado de las personas con mayor riesgo para que puedan acceder a tratamientos en cuanto cumplan los criterios clínicos establecidos. El biomarcador representa un paso decisivo hacia una medicina más personalizada y preventiva. Disponer de herramientas sencillas para identificar a las personas que más pueden beneficiarse de una intervención temprana podría transformar el abordaje de una de las enfermedades más frecuentes del envejecimiento.





