
La propuesta provisional de resolución de los Proyectos de Generación de Conocimiento (PID2025) ha reabierto un debate recurrente en el sistema científico español: ¿está estancada la financiación? La Asociación Española de Investigación sobre el Cáncer (ASEICA) sostiene que, pese al presupuesto récord de la convocatoria con casi 700 millones de euros, la financiación efectiva por proyecto resulta insuficiente para desarrollar investigación competitiva. Desde ASEICA explican que las cifras aumentan, sí, pero también el número de grupos que se la reparten. Un hecho que impide el avance de las investigaciones.
Un presupuesto histórico que no se traduce en más recursos por proyecto
La convocatoria PID2025, gestionada por la Agencia Estatal de Investigación (AEI), destina 697 millones de euros para financiar 3.422 proyectos de investigación y 1.156 contratos predoctorales asociados, la mayor dotación presupuestaria hasta la fecha. Sin embargo, ASEICA pone el foco en otro indicador: el dinero que finalmente recibe cada grupo de investigación. Según el análisis de la asociación:
- La financiación media se sitúa en 126.710 euros por proyecto;
- Aproximadamente dos tercios de los proyectos reciben menos de 150.000 euros;
- El número de solicitudes continúa creciendo, mientras disminuye la tasa de éxito, aumentando la competencia entre grupos.
Dado que estos proyectos suelen ejecutarse durante tres años, la financiación media equivale a unos 42.000 euros anuales para sostener toda la actividad científica de un equipo.

¿Es realmente un presupuesto insuficiente?
La respuesta depende del tipo de investigación. En disciplinas teóricas, como matemáticas o parte de las ciencias sociales, esa cuantía puede bastar para cubrir desplazamientos, publicaciones o equipamiento informático. Sin embargo, en áreas experimentales la situación es bien distinta. Por ejemplo, un proyecto de biomedicina, oncología o biología molecular debe asumir gastos como:
- Reactivos y anticuerpos;
- Cultivos celulares;
- Secuenciación genética;
- Experimentación animal;
- Mantenimiento de equipos científicos;
- Servicios de plataformas tecnológicas;
- Publicaciones en acceso abierto;
- Contratación de personal investigador.
Solo la contratación de un investigador predoctoral o un técnico puede absorber una parte muy importante del presupuesto anual. Diversos investigadores consultados por El País calculan que, una vez repartido el presupuesto durante tres años, algunos equipos disponen de menos de 50.000 euros anuales. Una cifra que apenas permite mantener la actividad ordinaria si no existen otras fuentes de financiación.
El problema no es solo la cuantía
El comunicado de ASEICA plantea una cuestión más estructural. España ha incrementado el presupuesto global destinado a estos proyectos respecto a años anteriores. El Ministerio recuerda que la convocatoria ha crecido alrededor de un 40% desde 2018, pasando de unos 496 millones a cerca de 700 millones de euros. No obstante, ese aumento se ha repartido entre un mayor número de proyectos. En términos prácticos, ahora se financian más grupos y cada uno de ellos recibe una cantidad muy similar a la de convocatorias anteriores. Además, hay que tener en cuenta la inflación y el incremento del coste del material científico que limitan el impulso que dichas ayudas dan al proyecto. Por ello, ASEICA sostiene que existe un estancamiento de la financiación efectiva.
España sigue lejos de los países líderes
El debate trasciende esta convocatoria concreta. España ha alcanzado máximos históricos de inversión en I+D situándose en torno al 1,5 % del PIB. Sin embargo, la cifra continúa muy alejada de economías científicas de referencia como Alemania, Estados Unidos, Corea del Sur o Israel, donde el esfuerzo supera ampliamente el 3% del PIB en muchos casos. La consecuencia es que numerosos grupos españoles dependen de combinar distintas convocatorias (estatales, autonómicas, europeas o privadas) para poder mantener una línea de investigación competitiva.
¿Tiene razón ASEICA?
Los datos respaldan buena parte de su diagnóstico. Es cierto que el presupuesto global de la convocatoria ha aumentado y que el Gobierno financia más proyectos que hace unos años. Sin embargo, también es cierto que la financiación media por equipo apenas ha crecido, mientras los costes de investigación y el número de solicitudes han aumentado. En conclusión, si el objetivo es ampliar el número de grupos financiados, el modelo actual lo consigue. Si la prioridad es que cada proyecto disponga de recursos suficientes para desarrollar investigación de alto nivel durante tres años, las cuantías actuales siguen siendo insuficientes.
Por otro lado, está el debate de la ejecución de fondos. Una asignatura pendiente de la financiación de la I+D+I en general ya que un tercio de los presupuestos quedan sin ejecutar. El dato más reciente, de 2024, revela que solo se ejecutó el 68,3% del presupuesto total. Un coste de oportunidad enorme que retrasa el crecimento del ecosistema innovador.





