
La investigación y la innovación continúan ganando peso en las economías desarrolladas. La última publicación estadística de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) confirma que la fuerza laboral vinculada a la ciencia, la tecnología y la innovación mantiene una tendencia de crecimiento sostenida en prácticamente todos los países miembros. Según los datos del Observatorio de Carreras en Investigación e Innovación (ReICO), la proporción de profesionales de ciencia e ingeniería sobre el empleo total en los países de la OCDE aumentó del 3,2% en 2017 al 3,7% en 2024. Supone la incorporación de millones de trabajadores adicionales en actividades altamente cualificadas durante un periodo de apenas siete años.
La OCDE señala que el crecimiento del empleo científico es una consecuencia directa de la transformación digital, la expansión de la inteligencia artificial, la transición energética y el aumento de la inversión en investigación y desarrollo (I+D) registrado durante la última década. La demanda de perfiles STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) se ha intensificado tanto en el sector público como en el privado. Empresas tecnológicas, farmacéuticas, fabricantes industriales y centros de investigación compiten cada vez más por atraer talento especializado, en un contexto marcado por la escasez de determinadas competencias.
La expansión también se observa en el ámbito de la educación superior. Las universidades están formando un número creciente de graduados y doctores, especialmente en disciplinas relacionadas con la inteligencia artificial, la computación, la ingeniería y las ciencias de la salud.
Desafíos laborales
La OCDE advierte de que siguen existiendo importantes retos para consolidar el crecimiento del ecosistema investigador. Entre ellos destacan la precariedad en las primeras etapas de la carrera científica, y las dificultades para atraer y retener talento internacional. Asimismo, la organización destaca la necesidad de mejorar las condiciones laborales y ofrecer trayectorias profesionales más previsibles para evitar la pérdida de talento hacia otros sectores económicos.
La competencia global por el talento se intensifica
La expansión del empleo en I+D está transformando la competencia internacional. Países como Estados Unidos, Corea del Sur, Alemania o Canadá han reforzado sus políticas para atraer investigadores y profesionales altamente cualificados. Son conscientes de que la disponibilidad de talento será uno de los principales factores de competitividad en la próxima década. En paralelo, la creciente adopción de tecnologías como la inteligencia artificial generativa está modificando el perfil de las habilidades demandadas. La OCDE considera que el futuro del empleo científico dependerá no solo de la formación técnica, sino también de la capacidad para trabajar en entornos multidisciplinares y colaborar entre sectores y países.
Una tendencia con implicaciones para España
Para España, los datos de la OCDE refuerzan la importancia de consolidar las políticas de atracción y retención de talento investigador. El país ha incrementado en los últimos años su inversión en I+D y ha puesto en marcha diversos programas para incorporar personal científico, aunque continúa situándose por debajo de la media europea en intensidad investigadora. Disponer de una masa crítica de investigadores y profesionales STEM se perfila como un requisito indispensable para mantener la competitividad económica. Las cifras publicadas por la OCDE apuntan a que la economía del conocimiento es una realidad que está redefiniendo el mercado laboral de las principales economías del mundo.





