
Imagínate que eres un niño de ocho años que sufre un daño neurológico y que debe someterse a meses de ejercicios repetitivos. Ahora imagina que esos ejercicios de rehabilitación los propone un robot que baila, cuenta historias y plantea retos con luces de colores. El diagnóstico no cambia, pero sí las ganas de llevar a cabo cada sesión que son ahora mucho más llevaderas.
Esta es la base del proyecto de rehabilitación hospitalaria y domiciliaria basada en robótica social asistencial e inteligencia artificial. Un proyecto financiado por la Agencia Estatal de Investigación y liderado por INROBICS Social Robotics, una empresa de salud digital nacida como spin-off de la Universidad Carlos III de Madrid. El robot se llama Robic, y ya se está evaluando en un contexto clínico real en dos hospitales públicos españoles.
Qué hace Robic exactamente
En el entorno clínico, Robic puede guiar ejercicios terapéuticos, realizar actividades de estimulación cognitiva, trabajar habilidades comunicativas o generar dinámicas más atractivas para los niños. En casa, un avatar permite trasladar parte de esa experiencia a una tableta o dispositivo móvil, siempre bajo la programación y supervisión del terapeuta. Según explica Fuensanta García Martín, terapeuta ocupacional y asesora clínica en INROBICS, la meta es ampliar las capacidades del terapeuta, mejorar la motivación de los pacientes pediátricos y facilitar que parte del tratamiento pueda continuar también en casa. Detrás de Robic está Alma, la inteligencia artificial social desarrollada por INROBICS, capaz de dar vida tanto al robot físico como a los avatares virtuales que se usan en el domicilio.
El problema que viene a resolver: la motivación
En rehabilitación pediátrica, la repetición es inevitable. Mantener la motivación durante semanas o meses puede resultar muy difícil. La robótica social introduce un elemento de interacción que convierte la sesión en una experiencia más dinámica. Muchos niños, según García Martín, perciben al robot como un acompañante que hace más llevadero el tratamiento. Gracias al uso de sensores y sistemas de captura de movimiento, el profesional puede conocer si el paciente ha realizado la actividad, cómo la ha ejecutado y qué evolución presenta. Un hecho que permite complementar el juicio clínico con información estructurada y generar informes de seguimiento con mayor facilidad.
La rehabilitación más allá del hospital
Uno de los aspectos más relevantes del proyecto es su dimensión domiciliaria. En algunos casos, las familias deben desplazarse para acceder a terapias especializadas. Esto supone una carga añadida especialmente en territorios alejados de grandes centros sanitarios o cuando los tratamientos requieren intensidad y continuidad. La posibilidad de pautar ejercicios en casa, supervisados a distancia por el terapeuta, abre la puerta a modelos de atención más flexibles.
El largo camino de una solución sanitaria
Los fundadores de INROBICS comenzaron explorando el potencial de la inteligencia artificial y la robótica social para mejorar la motivación de niños que debían realizar tratamientos rehabilitadores. La respuesta de los pacientes y sus familias impulsó la evolución de aquella investigación universitaria hacia una solución sanitaria real.
El trayecto, sin embargo, no ha sido sencillo. A diferencia de otros ámbitos tecnológicos, una solución sanitaria debe superar procesos de validación, regulación, autorización ética y generación de evidencia clínica. La empresa cuenta con software declarado como producto sanitario y, para trabajar con determinadas poblaciones pediátricas, ha tenido que solicitar las autorizaciones correspondientes. La regulación es necesaria aunque representa un esfuerzo considerable para una empresa emergente.
El proyecto cuenta con la participación de la Fundación del Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo y la Fundación del Hospital Infantil Universitario Niño Jesús, y ha sido cofinanciado por la Unión Europea a través de la convocatoria de Proyectos de Colaboración Público-Privada 2023 de la AEI





