
La autonomía estratégica europea en materia de defensa y tecnología no será un objetivo alcanzable a corto plazo. La transformación industrial, militar y política que necesita la Unión Europea para reducir su dependencia de terceros países requerirá al menos dos décadas de esfuerzo sostenido, según concluye el informe Una Europa más autónoma. ¿Cómo reducir nuestra dependencia militar y tecnológica?, elaborado por el consultor Carlos Martí para la Fundación Alternativas y presentado este martes en el Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional (CESEDEN).
El estudio sostiene que la autonomía estratégica continúa siendo más una aspiración que una realidad. Para alcanzarla, será necesario combinar un incremento sostenido de la inversión, una mayor coordinación industrial y una integración política que, en determinados ámbitos, exigirá que los Estados miembros cedan parte de su capacidad de decisión para actuar con mayor rapidez y eficacia.
Obstáculos: fragmentación y dependencia
El informe identifica la falta de unidad política como una de las principales debilidades de la Unión Europea. Las diferencias entre los Estados miembros en política exterior y de seguridad, unidas al requisito de la unanimidad para muchas decisiones estratégicas, ralentizan la capacidad de respuesta ante crisis internacionales. Como ejemplo, el documento recuerda la respuesta europea durante la retirada de Afganistán, donde las divisiones internas evidenciaron las dificultades para mantener una posición común. En contraste, el apoyo coordinado a Ucrania representa el mayor esfuerzo conjunto realizado hasta la fecha por la Unión Europea en materia de seguridad y defensa. A ello se suma la inexistencia de unas fuerzas armadas europeas integradas, las limitaciones presupuestarias y la complejidad institucional que caracteriza al actual sistema de gobernanza comunitario.
El análisis pone el foco también sobre las debilidades de la base industrial y tecnológica europea. Según el informe, Europa mantiene una elevada dependencia de tecnologías desarrolladas fuera del continente, especialmente de Estados Unidos en ámbitos militares avanzados, mientras que China ha consolidado posiciones de liderazgo en diversas tecnologías estratégicas. En el caso español, el documento señala una dependencia especialmente significativa de capacidades tecnológicas estadounidenses y advierte de la fragmentación existente entre las industrias nacionales europeas, con duplicidades de programas, escasa coordinación y dificultades para generar economías de escala.El déficit de profesionales altamente cualificados y el lento ritmo de implantación de los programas europeos agravan una situación que, según el estudio, solo podrá corregirse mediante inversiones elevadas y sostenidas durante los próximos años.
El nuevo escenario geopolítico acelera el cambio
El informe sitúa el contexto internacional como el principal catalizador del debate sobre la autonomía estratégica europea. Entre los factores que han impulsado este cambio destacan el debilitamiento del orden multilateral, la evolución de la política exterior estadounidense (orientada a exigir que Europa asuma mayores responsabilidades en su propia defensa), la creciente agresividad de Rusia y el fortalecimiento industrial y tecnológico de China.
A ello se suma la persistente inestabilidad en Oriente Próximo, que continúa generando riesgos para la seguridad internacional y las cadenas globales de suministro. Pese a ello, el estudio considera que la cooperación transatlántica sigue siendo un pilar fundamental para la seguridad europea y sostiene que el desarrollo de mayores capacidades propias no debe interpretarse como una ruptura con Estados Unidos, sino como un refuerzo de la capacidad de actuación europea dentro de la alianza.
El papel de España
Respecto a España, el informe reconoce el respaldo del Gobierno a la autonomía estratégica europea, aunque identifica diferencias con otros socios en cuestiones como la percepción de las amenazas o la prioridad del gasto en defensa. Aunque España ya ha alcanzado el compromiso de destinar el 2 % del PIB a defensa acordado en el marco de la OTAN, el estudio apunta que persisten dificultades para ejecutar completamente los presupuestos asignados.
Para reforzar la contribución española, el informe propone apoyar una reforma de los mecanismos de decisión europeos, favorecer una mayor coordinación industrial y especializar capacidades nacionales en ámbitos como la guerra electrónica o las capacidades navales. Asimismo, considera prioritario respaldar la estrategia industrial europea de defensa y garantizar un marco presupuestario estable mediante amplios consensos parlamentarios.
Tecnologías estratégicas para la soberanía europea
El informe identifica un conjunto de tecnologías consideradas críticas para reducir las dependencias exteriores y reforzar la competitividad. Estas son los semiconductores, la inteligencia artificial, las tecnologías cuánticas, la biotecnología, la conectividad y navegación digital, las baterías avanzadas, la robótica, los sistemas autónomos y los nuevos materiales de fabricación y reciclaje. Según el estudio, concentrar las inversiones en estos ámbitos permitirá fortalecer la base industrial europea y mejorar tanto la seguridad como la competitividad económica del continente en un escenario internacional cada vez más marcado por la competencia tecnológica.





