
La Ley de fomento del ecosistema de las empresas emergentes, conocida como Ley Startup impulsada por Nadia Calviño, echó a andar en 2022 y los datos no la dejan en buen lugar. Su impacto fiscal ha sido nulo. El informe del Foro Nacional de Empresas Emergentes, encargado por el Gobierno, revela que entre 2023 y 2024 solo se concedieron unos 4 millones de euros en deducciones del impuesto de sociedades. Sin embargo, la estimación gubernamental preveía unos 2.000 millones en deducciones. Los datos dejan claro que el mecanismo que rebajaba en 10 puntos eel impuesto de sociedades (del 25% al 15%) durante cuatro años no ha sido aprovechado por las startups.
El problema tiene que ver con el diseño del mecanismo ya que va dirigido a las startups emergentes pero estas, en su inmensa mayoría, no genera beneficios. Por lo tanto, si no hay beneficios, no hay deducción posible. Una rebaja del tipo impositivo no sirve a una empresa que pierde dinero mientras desarrolla su producto.
Los cálculos del Ministerio de Economía tampoco se cumplieron. Preveía 5.000 empresas con el sello de empresa emergente y una facturación media de dos millones de euros. Hoy, las certificadas por Enisa rondan la mitad. Y de ellas, solo 365 marcaron en su declaración de sociedades la casilla para acogerse a la deducción.
Las stock options tampoco despegan
El informe también da por fallida la reforma de los planes de acciones para empleados. Las empresas que ofrecieron stock options bajaron de 194 en 2023 a 144 en 2024. Cada vez menos startups usan este instrumento para atraer talento. Los miembros de la comisión piden reformular las medidas y hacer un análisis más profundo. Se fijan sobre todo en los instrumentos “donde la baja capacidad para generar beneficios condiciona el acceso a algunos incentivos”. También reclaman nuevos incentivos para quienes invierten en fondos de capital riesgo.
Lo que sí ha funcionado: inversores y nómadas digitales
Dos medidas de la Ley Startup sí han cumplido su objetivo. La primera es la deducción de hasta 100.000 euros por invertir en empresas de nueva creación. Un año después de la aprobación, el número de ciudadanos que invertían en este tipo de compañías subió un 32%, pese a que 2023 fue un mal año para las startups.
La segunda son los visados para emprendedores y trabajadores cualificados, con un régimen fiscal especial. Funciona sobre todo con los nómadas digitales. En septiembre de 2025 había más de 40.000 trabajadores en este régimen, cuatro veces los de enero de 2024.
Una alternativa para las etapas sin beneficios: el tax lease
El fallo de las deducciones de la Ley Startup deja una pregunta abierta. ¿Cómo financiarse en las etapas en que la empresa no tiene beneficios con los que usar incentivos? Una vía que ya funciona en España es el tax lease.
En lugar de que la propia startup aproveche la deducción, la aprovecha un inversor que sí paga impuestos. Este invierte, normalmente a través de una Agrupación de Interés Económico (AIE), en un proyecto de I+D+i de la empresa. Obtiene la deducción fiscal asociada y la empresa recibe financiación sin tener que esperar a ser rentable.
Los datos de la Memoria de Informes Motivados 2024, publicada por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, muestra que el mecanismo se usa. Hubo más de 11.000 solicitudes, con un gasto asociado cercano a los 7.000 millones de euros. Las solicitudes de tipo C (tax lease) sumaron 482,10 millones de euros y crecieron un 3,6%. Las pymes son sus principales usuarias.

Tax Lease, como complemento, no como sustituto
Conviene no exagerar. El tax lease no arregla la Ley Startup. Es una herramienta distinta, ligada a proyectos de I+D+i que cuenten con el informe motivado correspondiente. No sirve para cualquier startup ni para cualquier gasto. Y no está libre de controversia: la Agencia Tributaria ha cuestionado estas estructuras en los últimos años.
Aun así, el caso ilustra bien la lección del informe. Los incentivos fiscales funcionan cuando se adaptan a la realidad de las empresas a las que se dirigen. En las fases iniciales, esa realidad suele ser perder dinero. Y un incentivo que solo premia los beneficios llega demasiado tarde a quien más lo necesita.





