
El Departamento de Defensa de Estados Unidos ha adjudicado a Boeing un contrato valorado en 20.000 millones de dólares (17.500 millones de euros) para desarrollar el F/A-XX, un nuevo caza de sexta generación. El acuerdo incluye además varias aeronaves de prueba destinadas a ensayos en tierra, evaluaciones de aeronavegabilidad y comprobaciones de sistemas e integración de armamento.
El F/A-XX será el nuevo caza de ataque embarcado de la Armada de Estados Unidos, llamado a ampliar la proyección de poder desde sus portaaviones. El aparato aportará mayor alcance operativo a la flota y está diseñado para trabajar junto a aeronaves tripuladas y no tripuladas, entre ellas los Collaborative Combat Aircraft (CCA), cuya capacidad podrá reforzarse gracias a la cooperación con el nuevo caza.
El avión sustituirá de forma progresiva a los F/A-18E/F Super Hornet y a los EA-18G Growler de la Armada, y está previsto que opere junto a los F-35C. El programa busca incorporar una arquitectura abierta de sistemas de misión y nuevas capacidades pensadas para actuar en entornos de combate altamente disputados, dentro del esfuerzo estadounidense por mantener su alcance y superioridad aérea frente a amenazas futuras.
Boeing, único fabricante de los dos cazas de sexta generación de EE. UU.
Esta adjudicación sitúa a Boeing como el único fabricante de los dos programas estadounidenses de cazas de sexta generación en marcha. La compañía ya había sido seleccionada anteriormente para desarrollar el F-47, el caza de la Fuerza Aérea dentro del programa Next Generation Air Dominance. El contrato del F/A-XX supone así una segunda victoria estratégica para Boeing, que se consolida como proveedor de referencia para la futura aviación de combate del país. El anuncio llega tras meses de incertidumbre sobre el calendario del programa, y después de una competición en la que Boeing se ha impuesto a Northrop Grumman, mientras Lockheed Martin había abandonado previamente la pugna por este contrato.
Pruebas en distintas fases y una nueva planta en Misuri
El contrato incluye varios ejemplares destinados a las distintas fases de prueba del programa, desde los ensayos estructurales y de aeronavegabilidad hasta la evaluación de sistemas y la integración de armamento. En paralelo, Boeing continúa preparando nuevas instalaciones para afrontar la fabricación de sus programas más avanzados: en San Luis, Misuri, avanza la construcción de una planta de fabricación segura, pensada para producir estos sistemas de nueva generación. El programa refuerza la apuesta de Washington por una nueva generación de aviones de combate conectados con sistemas no tripulados, orientada a ampliar las capacidades tanto de sus fuerzas aéreas como navales en las próximas décadas.





