
Europa ha abierto la carrera para construir hasta siete gigafactorías de inteligencia artificial con las que pretende multiplicar su capacidad de computación y reducir su dependencia tecnológica de Estados Unidos y China. La Comisión Europea prevé movilizar más de 30.000 millones de euros entre financiación pública y privada para desarrollar estas grandes infraestructuras, consideradas una pieza clave de la estrategia europea de IA.
España parte de la competición con una candidatura público-privada impulsada por Telefónica, ACS, Banco Santander y la Sociedad Española para la Transformación Tecnológica (SETT). La Comisión Europea autorizó el pasado 20 de agosto la creación de esta joint venture al considerar que cumple la normativa comunitaria de concentraciones y no plantea problemas de competencia. La autorización permite avanzar en la preparación de la candidatura española, aunque todavía todo está en el aire.
La Comisión Europea recibió durante la fase previa de manifestaciones de interés 77 propuestas procedentes de 16 Estados miembros y 60 posibles emplazamientos. Estas propuestas no son todavía las candidaturas definitivas de la convocatoria abierta, pero muestran el elevado interés de los países europeos por albergar una de estas infraestructuras. Bruselas prevé destinar hasta 10.000 millones de euros de financiación pública y movilizar al menos otros 20.000 millones de inversión privada. El objetivo es seleccionar hasta siete proyectos capaces de proporcionar a Europa una capacidad de computación muy superior a la disponible actualmente.
Las gigafactorías no serán simples centros de datos. Estarán diseñadas para integrar procesadores avanzados de IA, almacenamiento, conectividad y sistemas de computación de alta eficiencia energética, y permitirán entrenar, desarrollar y ejecutar modelos avanzados a una escala mucho mayor. Además, podrán ser utilizadas por startups, empresas, universidades, centros de investigación y administraciones públicas, con el objetivo de ampliar el acceso a capacidad de computación avanzada dentro de Europa.
Una inversión española de 5.000 millones
La propuesta española contempla una inversión cercana a los 5.000 millones de euros y plantea una infraestructura distribuida entre Móra la Nova, en Tarragona, y San Fernando de Henares, en Madrid, con la participación de Portugal dentro de la candidatura ibérica. El proyecto prevé inicialmente una potencia de entre 30 y 50 MW, que podría elevarse hasta 125 MW en una segunda fase a partir de 2029. El objetivo es crear una infraestructura capaz de ofrecer una gran capacidad de procesamiento para proyectos europeos de inteligencia artificial.
La estructura accionarial contempla un 48% para SETT, mientras que Telefónica, ACS y Santander contarían cada uno con el 15,67%. Multiverse Computing tendría un 4% y la Generalitat de Cataluña el 1% restante. La candidatura reúne así capacidades de telecomunicaciones, infraestructura, financiación, computación e inteligencia artificial. El proyecto también pretende aprovechar la posición de España como nodo energético y de conectividad para convertirse en una infraestructura de referencia dentro de la futura red europea de computación para IA.
Europa quiere competir en computación
El objetivo de Bruselas va más allá de construir siete grandes instalaciones. Europa necesita aumentar su capacidad para entrenar y desarrollar modelos de inteligencia artificial sin depender exclusivamente de infraestructuras situadas fuera de sus fronteras. Las gigafactorías forman parte de una estrategia que pretende conectar las AI Factories que ya están desarrollándose en distintos países europeos con instalaciones de una escala muy superior. La Comisión prevé que esta red permita ofrecer capacidad de computación a investigadores y empresas de todo el continente.
La magnitud del desafío se refleja en las exigencias técnicas. Los proyectos seleccionados deberán instalar inicialmente al menos tantos procesadores avanzados de IA como los que tiene actualmente la fábrica de IA más potente de Europa. En una segunda fase, esa capacidad deberá multiplicarse. La iniciativa busca, por tanto, construir una infraestructura tecnológica europea que permita desarrollar modelos propios y aplicaciones avanzadas en sectores estratégicos como industria, defensa, energía, sanidad o servicios públicos.
España todavía tiene que ganar la carrera
La candidatura española ha dado pasos importantes, pero todavía queda el proceso decisivo. El plazo de presentación de propuestas permanece abierto hasta el 12 de noviembre de 2026 y la selección de los proyectos está prevista para 2027. España tendrá que competir con propuestas de países como Francia, Alemania, Finlandia, Polonia, Grecia, Austria o Países Bajos. Los proyectos deberán demostrar que disponen de energía, conectividad, financiación, infraestructura, talento y un ecosistema empresarial capaz de aprovechar una instalación de esta escala.
Si España consigue una de las siete gigafactorías, el impacto iría mucho más allá de la construcción de un gran centro de computación. La infraestructura podría atraer inversión, empresas tecnológicas, investigadores y proyectos de IA, además de reforzar la posición española dentro de la nueva industria tecnológica europea. La carrera por las gigafactorías acaba de comenzar. Para Europa, se trata de una apuesta para ganar autonomía tecnológica frente a Estados Unidos y China. Para España, la candidatura supone una oportunidad para convertirse en uno de los grandes nodos europeos de la infraestructura que sustentará la próxima generación de inteligencia artificial.
Los puntos fuertes de la candidatura española
La candidatura española parte de varias fortalezas relevantes: una potente infraestructura energética y de telecomunicaciones, una posición geográfica estratégica y una creciente capacidad de computación e investigación en inteligencia artificial. A ello se suma la existencia de un ecosistema científico y tecnológico consolidado, con universidades, centros de investigación y empresas capaces de participar en proyectos europeos de gran escala. España cuenta además con experiencia en infraestructuras de supercomputación, a través de Barcelona Supercomputing Center y MareNostrum, y con un importante potencial para integrar energía renovable y centros de datos. Todo ello refuerza la posición de nuestro país para aspirar a convertirse en uno de los grandes nodos europeos de IA y contribuir a reducir la dependencia tecnológica de Estados Unidos y Asia.





