Los agentes de IA pueden liberar hasta 150.000 horas de trabajo al año

La implantación de agentes de inteligencia artificial puede provocar un cambio profundo en la organización del trabajo de las grandes empresas españolas. Según estimaciones de Setesca Talent, un único agente de IA correctamente integrado en los procesos de una gran compañía podría absorber una carga de trabajo equivalente a 150.000 horas. Se trata, además, de un escenario especialmente conservador, ya que las grandes corporaciones ya utilizan cientos de sistemas basados en inteligencia artificial generativa y la adopción de agentes autónomos apunta a acelerarse durante los próximos años.

La diferencia entre ambas tecnologías resulta importante para entender el alcance de esta transformación. La inteligencia artificial generativa produce contenidos como textos, imágenes o código a partir de instrucciones del usuario. Los agentes de IA van un paso más allá ya que pueden utilizar esas capacidades para planificar y ejecutar de forma autónoma distintas tareas hasta alcanzar un objetivo.

Esta autonomía permite trasladar la IA desde funciones concretas hacia procesos completos. Un agente puede, por ejemplo, encadenar diferentes acciones, utilizar herramientas digitales y tomar decisiones dentro de los límites establecidos por la organización. Su impacto potencial sobre la productividad es, por tanto, mayor que el de una herramienta utilizada únicamente como asistente. El efecto dependerá de las tareas automatizadas, del grado de integración con los sistemas corporativos y de cómo decida la compañía utilizar el aumento de productividad. El escenario puede traducirse tanto en una reducción de determinados costes como en una mayor capacidad de producción con la misma plantilla.

Este último punto está adquiriendo especial relevancia en las grandes compañías. La IA puede permitir aumentar los ingresos o el volumen de actividad sin incrementar proporcionalmente el número de trabajadores. La consecuencia será una transformación de la relación entre empleo, productividad y crecimiento empresarial.

Una nueva brecha laboral

La transformación tecnológica está dando lugar a una nueva brecha laboral. Ya no sería suficiente contar con experiencia o conocimientos técnicos en un determinado ámbito. Las empresas demandan cada vez más profesionales capaces de integrar la inteligencia artificial en su actividad cotidiana. El objetivo no consiste únicamente en automatizar tareas. También se busca mejorar la productividad, optimizar procesos y acelerar la toma de decisiones. La demanda de competencias relacionadas con la IA se está extendiendo así a áreas cada vez más amplias de las organizaciones. Esta evolución también afecta a la valoración de los profesionales en el mercado laboral. Las capacidades para utilizar e integrar herramientas de IA pueden convertirse en un factor diferencial en los procesos de selección.

Las pymes también pueden beneficiarse

El impacto de los agentes no se limita a las grandes compañías. Setesca señala que en las pymes estas tecnologías pueden optimizar hasta un 40% del tiempo dedicado a reuniones y otras tareas realizadas mediante herramientas ofimáticas tradicionales. El beneficio, en este caso, no tendría por qué limitarse al ahorro de horas. La automatización permitiría que los trabajadores dedicaran más tiempo a actividades de mayor valor añadido, análisis y toma de decisiones. La cuestión clave será determinar qué procesos tiene sentido automatizar y cuáles deben continuar dependiendo de las personas. El despliegue de agentes sin una estrategia clara puede generar nuevas ineficiencias en lugar de mejorar la productividad.

El reto: integrar los agentes en los procesos

La incorporación de agentes de IA está creciendo, pero algunas organizaciones los están desplegando de manera aislada. La compañía considera necesario integrarlos dentro de los procesos de negocio y establecer modelos de gobierno que garanticen su eficacia, seguridad y escalabilidad. Incorporar agentes sin conectarlos adecuadamente con los sistemas y procedimientos de la empresa limita buena parte de su potencial.

El próximo salto de la inteligencia artificial empresarial, por tanto, no dependerá únicamente de disponer de modelos cada vez más capaces. También estará condicionado por la capacidad de las compañías para convertir esos modelos en sistemas autónomos integrados en su operativa. Para las empresas del Ibex 35, el escenario que plantea Setesca ilustra la magnitud del cambio: un solo agente por compañía podría asumir una carga laboral equivalente a miles de horas de trabajo humano. La verdadera transformación llegará cuando estos sistemas dejen de ser herramientas aisladas y pasen a formar parte de la estructura productiva de las organizaciones.

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